*As Mulheres de Consuelo e a Luta pela Memoria no Leste Asiático

Ler na íntegra em: http://elordenmundial.com/2016/11/28/las-mujeres-de-consuelo-y-la-lucha-por-la-memoria-en-el-este-asiatico/
AP Photo/Ahn Young-joon

Las mujeres de consuelo fueron esclavas sexuales del Imperio japonés durante la Guerra del Pacífico. Con los años, se convertirían en símbolos contra la explotación sexual y sus heridas representarían las de toda la región del Este Asiático. Este artículo explica su drama, pero también las posiciones adoptadas desde la sociedad civil y el Gobierno japonés a la hora de llegar a una reconciliación que permita normalizar por fin las relaciones regionales. 

Durante la Guerra del Pacífico (1931-1945), la región del Este Asiático vivió uno de los episodios más oscuros de su historia. Buena parte de esta tragedia colectiva hunde sus raíces en el expansionismo del imperialismo japonés durante finales del siglo XIX y principios del XX. Desde los intentos por “civilizar” a los “salvajes” de Taiwán hasta la colonización de Corea, pasando por la invasión de Manchuria, la masacre de Nanjing o la experimentación biológica con prisioneros de guerra en la sombría Unidad 731, el delirio de la sociedad imperial fue durante décadas el contrapeso más habitual a la paz regional.

Las mujeres de consuelo (ianfu) fueron uno de los colectivos más dañados por estos desmanes. Se denominaba bajo este eufemismo a aquellas mujeres forzadas a prestar servicios sexuales a los militares nipones durante la Gran Guerra del Este Asiático. La mayoría de ellas procedía de Corea, aunque entre las esclavas sexuales se encontraban también mujeres de origen chino, taiwanés, filipino, indonesio, vietnamita e incluso holandés. Hablamos, por tanto, de un problema de naturaleza transnacional con implicaciones muy profundas para la memoria histórica y la reconciliación del Este Asiático.

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El espejo de la barbarie: la esclavitud sexual en el Imperio japonés (1932-1945)

Las mujeres de consuelo padecieron una explotación sexual sistemática e institucionalizada en el seno del Imperio japonés desde sus comienzos. Si bien algunos historiadores revisionistas y miembros del ala conservadora del Partido Liberal Democrático (PLD) aseguran que una parte de las mismas prestaba servicios de prostitución por elección personal, lo cierto es que esta falacia ha sido ya desmontada con la publicación de numerosos archivos oficiales de la época. En ellos se documenta cómo la mayoría de las mujeres —principalmente adolescentes o jóvenes adultas— habían terminado en los centros de consuelo (ianjo) engañadas, forzadas, secuestradas o incluso vendidas a los traficantes por sus propios padres o familiares sin recursos. Una vez reclutadas, eran hacinadas en celdas diminutas, insalubres, donde permanecían encerradas día y noche, sin opción de huir y sometidas a constantes agresiones sexuales y humillaciones.

En la imagen se muestra el aspecto de algunas de las habitaciones de las esclavas sexuales. Fuente: Washington State University
En la imagen se muestra el aspecto de algunas de las habitaciones de las esclavas sexuales. Fuente: Washington State University

Este tipo de atrocidades no solo respondían a acciones motivadas por los más bajos instintos de los militares japoneses o a la perfidia de las autoridades gubernamentales; se debían asimismo a una estructura social mesiánica, patriarcal y racista que enarbolaba la supremacía étnica del Imperio nipón sobre sus dominios coloniales, un imperio que, por otra parte, también tenía interés en mantener alta la moral de sus soldados con objeto de evitar posibles motines y deserciones durante la guerra. Para ello, planificaba con meticulosidad la organización logística de los procesos de reclutamiento y de las estructuras necesarias para articular una red de mujeres de consuelo. Incluso existían horarios de servicio y médicos para supervisar que las mujeres no estuviesen infectadas con enfermedades venéreas que pudiesen causar bajas entre las tropas japonesas.

De esta forma, según estimaciones recogidas en documentos como el Informe Dolgopol-Paranjabe, de 1994, entre 100.000 y 200.000 mujeres fueron torturadas y violadas por una media de 30 soldados al día durante una franja de tiempo que podía oscilar entre las tres semanas y los ocho años. Por su parte, los informes de Gay J. McDougall para la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en 1998 documentaron que unas 200.000 coreanas fueron forzadas por un promedio de hasta 70 hombres al día. Además, 145.000 de estas esclavas sexuales perderían la vida durante la guerra, especialmente en los momentos finales de la contienda, cuando Japón se sabía prácticamente derrotado. Así pues, una vez consumado el hundimiento del imperio, el panorama resultaba sobrecogedor, con millares de mujeres supervivientes deambulando a su suerte por los campos de batalla del Este Asiático, desorientadas y con graves heridas físicas y aún más profundos desgarros psíquicos.

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Un soldado chino posa con cuatro esclavas sexuales, aparentemente liberadas tras la guerra en 1945. Fuente: Northeast Asian History Network

Del silencio a la organización política (1945-1991)

Con la liberación de las colonias y el fin de la guerra llegaría el silencio, a menudo acompañado por la discriminación, el ostracismo y la negación de las víctimas. Muchas afirmarían décadas más tarde que el motivo para no hablar de lo sucedido hasta principios de los 90 se debía a un sentimiento de culpabilidad e impureza y al miedo a ser ridiculizadas. Tampoco se debe perder de vista que el entorno geopolítico posconflicto estuvo marcado por la división ideológica de la Guerra Fría, la Guerra de Corea (1950-1953), la Revolución China en 1949, la ocupación estadounidense de Japón y los controvertidos juicios del Tribunal Internacional de Tokio (1946-1948), un caldo de cultivo que, unido a los encorsetamientos sociales de las culturas asiáticas, permitió acallar durante décadas la cuestión de las esclavas sexuales.

Esta realidad se fue agrietando poco a poco en la medida en que se fue alcanzando una mayor estabilidad regional y un mayor conocimiento de las atrocidades organizadas  desde las autoridades imperiales durante la guerra gracias a la labor de académicos, activistas, testigos y diferentes organizaciones no estatales. No obstante, el punto de inflexión en este proceso fue sin duda la primera denuncia, realizada en 1991 contra el Estado japonés por una víctima y activista contra la esclavitud sexual nipona, Kim Hak-sun.

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Kim Hak Sun lidera la lucha contra el olvido en Seúl. Fuente: Asian Women’s Fund

Con el paso al frente de Hak Sun, animadas por las oleadas democratizadoras de la Sexta República en Corea del Sur, se irían añadiendo poco a poco las voces de un número cada vez mayor de antiguas supervivientes, que reivindicaban unas disculpas oficiales por parte de las autoridades japonesas, además de reparaciones económicas y la restauración de su dignidad. La introducción de esta cuestión en la agenda pública regional colocó a Japón en una situación muy incómoda por las crecientes presiones, internas y externas, que le exigían asumir responsabilidades por lo sucedido.

En 1990, la visita a Tokio del primer ministro surcoreano, Roh Tae Woo, ya había suscitado por primera vez un crudo debate en la Dieta Nacional. No obstante, lo cierto es que la primera reacción por parte de las autoridades niponas fue simple y llanamente la negación de las acusaciones que sostenían la implicación de las fuerzas armadas japonesas en la cuestión de las mujeres de consuelo. Para Japón, la responsabilidad de los reclutamientos de esclavas sexuales se debía buscar en las actividades de traficantes, de naturaleza privada, por lo que no era atribuible al Estado.

Afortunadamente, esta posición se fue revirtiendo gradualmente como consecuencia de la publicación de una cantidad cada vez mayor de material que demostraba la implicación de las autoridades japonesas en la esclavización de las mujeres de consuelo. La Declaración Kono, de 1993, supuso en este sentido un primer paso en la dirección adecuada para comenzar a destapar las vergüenzas del pasado. Sin embargo, todavía quedaba un arduo camino para que el Gobierno de Japón se comprometiese a indemnizar económica y moralmente a las afectadas. Uno de los grandes debates que la cuestión abría era el siguiente: si Japón fuese considerado culpable por los crímenes expuestos, ¿se podría argumentar que el país, renovado ya tras la guerra, poseía una responsabilidad legal, política o moral por lo que hicieron sus ancestros?

La polarización política en Japón fue —y en parte sigue siendo— el denominador común en los debates nacionales sobre el tema de las mujeres de consuelo. Era evidente que las víctimas deseaban un reconocimiento oficial por parte del Estado sobre su condición de esclavas sexuales y una compensación económica por los daños sufridos. Sin embargo, los sectores más conservadores del PLD se apresuraron a señalar que, dado que los Convenios de Ginebra de 1949 no habían entrado en vigor en la fecha de los crímenes imputables, Japón no había incurrido en su momento en una violación del Derecho internacional. Esto ocasionó discusiones con un trasfondo emocional muy delicado sobre las responsabilidades legales y morales del Estado japonés y el papel de las afectadas en lo ocurrido. Aun así, este tema lograría captar la atención de numerosos movimientos feministas y otros actores de la sociedad civil, lo cual incrementó el poder negociador de las supervivientes y dio difusión internacional a su caso.

Una batalla subestatal: sociedad civil, feminismo y justicia transnacional (1991-hoy)

A la hora de canalizar las demandas de justicia de las antiguas esclavas sexuales, los actores no estatales jugaron un rol fundamental. Ya en los 70, los primeros movimientos surcoreanos contra el turismo sexual —principalmente nipón— habían levantado ampollas en las relaciones coreano-japonesas al llevar las cuestiones de memoria histórica a la vanguardia de la agenda bilateral. Años más tarde, cada vez más movimientos de derechos humanos y plataformas sociales de las crecientes oleadas feministas se irían sumando al proyecto de reivindicación de justicia histórica. Una manifestación simbólica de esta realidad es que prácticamente todos los miércoles desde 1992 han existido protestas frente a la embajada de Japón en Seúl.

En este contexto, el Fondo de Mujeres Asiáticas (AWF por sus siglas en inglés) nació como uno de los instrumentos más importantes y controvertidos durante la fase de reconciliación iniciada en los 90. Puesta en marcha durante el Gobierno socialista de Murayama Tomiichi en 1994, la naturaleza de esta herramienta era bastante difusa, al confluir en su financiación la iniciativa gubernamental japonesa y las aportaciones privadas. Sin embargo, su establecimiento supuso un momento clave en el proceso de recompensación y restauración de la dignidad de las víctimas, puesto que el AWF vino acompañado de una carta firmada por el propio Tomiichi en la que se disculpaba por lo sucedido durante la guerra.

Paradójicamente, este modelo japonés de recompensación moral y económica abrió un encendido debate entre las propias organizaciones no gubernamentales, las víctimas-activistas y algunos movimientos feministas. El corazón de las discusiones se sintetiza en que la propuesta nipona no representaba directamente un perdón oficial del Estado, sino que más bien invitaba a encontrar una fórmula intermedia que no terminaba de satisfacer a muchas de las víctimas y, sobre todo, a las ONG y movimientos sociales que hicieron campaña por su causa.

Las antiguas mujeres de consuelo se han convertido en referentes internacionales por su activismo y lucha contra la esclavitud sexual. Fuente: Deutsche Welle

Tanto es así que incluso se amenazó a las antiguas esclavas sexuales para que no aceptasen las compensaciones financieras del AWF, indicándoles que si lo hacían no recibirían fondos de ayuda de sus Estados de origen. Activistas del Consejo Coreano para las Mujeres Reclutadas para la Esclavitud Sexual Militar de Japón (KCWDMSSJ por sus siglas en inglés) llegaron a señalar que la propuesta nipona del AWF violaba los derechos de las víctimas y forzaron a estas a rechazar sus prestaciones económicas, alegando que su nivel formativo era demasiado escaso como para tomar una decisión adecuada. Por si fuera poco, aquellas mujeres que decidiesen, pese a todo, aceptar el dinero de la AWF sufrirían el desprecio y las críticas de organizaciones y ciertos sectores feministas que priorizaban ante todo una justicia inmaculada donde Japón admitiese su responsabilidad criminal y pidiese oficialmente perdón a las víctimas.

Muchos han visto en la actitud de algunos actores subestatales una intransigencia de buenas intenciones escasamente pragmática a la hora de conseguir alcanzar una solución constructiva. Así, parece que, si bien los esfuerzos japoneses desplegados en la creación del AFW representaban una alternativa quizá menos justa o ideal, lo cierto es que al menos permitían a estas personas tratar de disfrutar de sus últimos años en paz y con cierta tranquilidad económica.

En cualquier caso, hay que resaltar el papel de estas organizaciones y movimientos reivindicativos a la hora de lograr apoyos y atención internacional para la causa. En términos de justicia transnacional, este tipo de plataformas han llevado durante años la voz cantante. En este sentido, el mayor hito subestatal fue sin duda el establecimiento del Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra contra las Mujeres afectadas por la Esclavitud Sexual Militar de Japón, organizado en Tokio por la Red de Violencia contra las Mujeres en las Guerras (VAWW-NET, en inglés), de Japón; el citado Consejo Coreano (KCWDMSSJ), y el Centro Asiático para los Derechos Humanos de las Mujeres (ASCENT, en inglés), de Filipinas.

Sin embargo, hay que matizar que, aunque el tribunal estaba formado por jueces acreditados, carecía de un estatus oficial. Es por ello que el Gobierno de Japón rehusó participar en el mismo, para indignación de organizadores y víctimas. Aun así, para muchos el tribunal representaba una autoridad moral bajo la que tratar de condenar retroactivamente la impunidad de la que habían gozado los responsables de los crímenes sexuales hasta la fecha, entre ellos, el emperador Hirohito. En este sentido, los testimonios fueron extremadamente duros y en muchas ocasiones se vieron interrumpidos por los llantos, los gritos e incluso los desmayos provocados por la intensidad de los recuerdos en algunas de las víctimas. No en vano, en aquellas salas se pudieron congregar sesenta y cuatro supervivientes procedentes de Corea del Sur y del Norte, Taiwán, Timor Oriental, Filipinas, China, Japón y Holanda. Sin embargo, a pesar del éxito simbólico y mediático del evento, la experiencia tangible ha demostrado que en el nivel interestatal la lógica de la reconciliación y el perdón sigue operando bajo unos parámetros muy diferentes a los de la sociedad civil.

PELO FIM DAS SOCIEDADES PATRIARCAIS

PELO FIM DO FEMINICÍDIO

VIVA A SOCIEDADE LIBERTÁRIA

* A Queda de Aleppo e o Nevoeiro da Guerra

Aleppo caiu. Depois de quatro anos de uma sangrenta guerra de atrito, Aleppo, que era o principal centro comercial e a maior cidade da Síria antes da guerra civil, mais uma vez está sob o controle completo do regime de Assad. Para os rebeldes e seus apoiadores externos, isto representa um golpe humilhante que terá importantes consequências em nível internacional e nacional.

O preço destes quatro anos de guerra foi milhares de mortos, dezenas de milhares de mutilados e centenas de milhares de expulsos de suas casas. Aleppo resume a tragédia da guerra civil síria. Uma antiga cidade, com um povo moderno, culturalmente rica, transformou-se em pilhas sangrentas de entulho e poeira. Os resultados dos crimes aqui cometidos serão sentidos pelas gerações vindouras.

Desde agosto, a fortaleza rebelde de Aleppo Oriental estava, de fato, sob cerco. Durante o mês passado, uma operação meticulosamente planejada, liderada pelos sírios, iranianos, iraquianos e pelas milícias Palestinas, avançou de forma constante, com o apoio aéreo dos jatos e bombardeiros sírios e russos.

Sim, Putin e Assad agiram com cinismo e brutalidade. Despovoando cidades inteiras através do bombardeio de escolas, hospitais, mercados públicos e outras infraestruturas civis. Não há, claramente, nada de humanitário em suas ações. Agem por completo interesse próprio e com total desrespeito à vida humana. Mas seria errado ver as manchas de sangue somente deste lado da moeda, sem levar em consideração os rios de sangue que fluem do outro lado.

Uma história de atrocidades e hipocrisia 

Para se encontrar a verdade sobre esta guerra reacionária é necessário cavar fundo através de uma montanha de mentiras, de enganos e de nauseante hipocrisia. Os líderes do chamado “mundo livre” estão todos em lágrimas, com os meios de comunicação derramando desprezo sobre as brutais forças russas e sírias que lutaram em Aleppo. Condenam Putin e Assad por bombardear, atirar e matar pessoas (em uma guerra!). No entanto, não têm nenhum problema com suas próprias milícias “moderadas”, que fazem exatamente a mesma coisa, e de forma não mais humana do que as de Putin. Enquanto os meios de comunicação foram inundados com narrativas sobre o bombardeio do “último hospital de Aleppo”, durante mais ou menos todas as semanas do ano passado não se fez nenhuma menção ao constante e indiscriminado bombardeio de Aleppo Ocidental ou do bairro curdo de Sheikh Maqsood. Somente se pode imaginar a escala do horror e da destruição se as milícias tivessem elas próprias uma força aérea. O assassinato somente parece criminoso quando é realizado pelos opositores das classes dominantes ocidentais.

Os crimes de guerra do imperialismo ocidental ao longo da história são intermináveis: o assassinato de centenas de milhares em Hiroshima e Nagasaki; o bombardeio da população civil de Dresden na II Guerra Mundial, com quase 4 mil toneladas de bombas que mataram mais de 25 mil pessoas; a assassina Operação Rolling Thunder, que matou centenas de milhares de civis no Vietnã. Nos livros de história, estes atos ou são silenciados ou até mesmo glorificados.

O comportamento no Oriente Médio destas damas e cavalheiros dos tempos modernos não é melhor. Uma investigação de 2015 realizado por Physicians for Social Responsability conclui que, “as guerras mataram, direta ou indiretamente, cerca de 1 milhão de pessoas no Iraque, 220 mil no Afeganistão e 80 mil no Paquistão, isto é, um total de cerca de 1,3 milhão de pessoas. (…) O número total de mortes nos três países acima nomeados também poderia superar os 2 milhões, enquanto que uma cifra abaixo de 1 milhão é extremamente improvável”. Em comparação, os atos assassinos de Assad, Putin e mesmo de ISIS não alcançariam os níveis ou a destruição desatada pelo imperialismo ocidental no Oriente Médio.

A guerra criminosa no Iraque, entrementes, desestabilizou completamente o país e a região e desencadeou as forças mais atrasadas e reacionárias. A tragédia vai muito além dos números puros e simples – embora enormes – de mortos.

Mesmo hoje em dia, o cerco e bombardeio indiscriminado do Iêmen pelos aviões sauditas, estreitamente apoiados pelas forças estadunidenses e britânicas, deixou mais da metade dos 28 milhões de habitantes em risco de morte pela fome. E, no entanto, esse desastre e tragédia humanitária é convenientemente ignorado pelos políticos e pela imprensa no Ocidente. Um coordenador da ajuda humanitária das Nações Unidas no Iêmen disse que a guerra é “provavelmente uma das maiores crises do mundo, mas é como uma crise silenciosa, uma situação silenciosa e uma guerra esquecida”.

Da mesma forma, nada se menciona das baixas civis causadas pelo cerco e assalto à cidade de Mosul, que tem muito mais civis do que Aleppo Oriental. Ironicamente, alguns dos mesmos grupos de Aleppo, que estão sendo criticados pelo Ocidente, foram contratados para fazer o trabalho sujo em Mosul com cobertura aérea ocidental.

Nossos queridos líderes estão cheios de preocupação com a difícil situação de seu povo sírio. Mas suas ações contam uma história diferente. Um recente informe interno da ONU filtrado por Intercept caracteriza as sanções ocidentais contra a Síria como “um regime de sanções das mais complicadas e de maior alcance jamais imposto”. Informam que as sanções estadunidenses são excepcionalmente cruéis “com respeito ao fornecimento de ajuda humanitária” [ênfase nossa]. Outra filtração da ONU da mesma publicação classifica as sanções como “o fator principal” na degradação do sistema de saúde.

Além disso, é profundamente irônico que estes cavalheiros e damas tão amantes da paz agora estão prometendo verter mais armas e dinheiro na Síria na sequência da queda de Aleppo.

Sim, nossos queridos amigos democráticos são rápidos em apontar o dedo. Mas são igualmente rápidos em esquecer o terror e a barbárie que desencadearam e continuam a apoiar em toda a região.

Síria

Em Aleppo, as atrocidades mais recentes poderiam ter sido evitadas se os EUA concordassem com o acordo de cessar-fogo com a Rússia e o regime de Assad há apenas um mês atrás. O acordo veio abaixo depois que aviões estadunidenses bombardearam e mataram mais de 100 soldados do regime sírio que lutavam contra ISIS no enclave cercado de Deir Ezzor. Segundo Middle East Eye, um recente informe do comando central estadunidense claramente “revela que os oficiais superiores da força aérea estadunidense do Centro de Operações Aéreas Combinadas (CAOC, em suas siglas inglesas) da base aérea al-Udeid, no Qatar, foram os responsáveis pela decisão de realizar o ataque aéreo em Deir Ezzor:

  • “Enganaram os russos sobre onde os EUA pretendiam atacar, de forma que a Rússia não pudesse informar que o alvo eram as tropas sírias;

  • “Ignoraram as informações e análises de inteligência advertindo que as posições a serem golpeadas eram do governo sírio em vez do Estado Islâmico;

  • “Mudaram abruptamente de um processo deliberado de direcionamento a um ataque imediato, violando os procedimentos normais da força aérea”.

(Ataques dos EUA sobre tropas sírias: dados do relatório contradizem as afirmações de “erro”)

O resultado desse ataque não foi somente romper o cessar-fogo em Aleppo, como também agir como um importante golpe sobre as forças sírias que estavam cercadas por ISIS há mais de dois anos.

Acompanhando o colapso do cessar-fogo, a campanha de bombardeio aéreo dos russos e sírios sobre Aleppo foi detida por um período de três semanas, durante as quais oito rotas de escape foram criadas para os civis e militantes deixarem Aleppo Oriental e serem transportados ou a zonas do regime, onde seria concedida anistia aos rebeldes que baixassem as armas, ou a áreas controladas pelos rebeldes em Idlib podendo transportar suas armas leves (!). Mas a resposta dos amigos “moderados” do ocidente em Aleppo foi a de atirar e bombardear em quem tentasse deixar a área. De fato, as milícias da oposição tomaram todos os habitantes de Aleppo Oriental como reféns e os transformaram em escudos humanos.

No entanto, os meios de comunicação do ocidente continuam a apoiar estes “rebeldes moderados”, retratando-os como combatentes da liberdade que representam o povo contra o regime de Assad. Mas quem são estes grupos moderados? Não são diretamente mencionados em qualquer lugar pelo nome. Mas, olhando para os grupos em Aleppo, os mais fortes são: Jabhat Fatah Al-Sham (JFS) e o ramo sírio de Al Qaeda que agora é conhecido como ISIS; Ahrar Al-Sham (AAS), que administrou toda a governadoria de Idlib junto com JFS durante vários anos, e que quase se fundiram há alguns anos; e, finalmente, o grupo Nour Al-Din Al-Zinki, que é um grupo islâmico estreitamente ligado aos EUA. No último Verão, o grupo Zinki ganhou fama internacional por decapitar um garoto de 14 anos de idade. Em um dos muitos vídeos da execução, os homens de Zinki são ouvidos dizendo “somos piores que ISIS”. Então, pois, estes homens podem ser considerados “moderados” – mas em relação a quê?

O fato é que os “rebeldes”, como em muitas outras áreas urbanas da Síria, nunca gozaram de muito apoio dentro da cidade de Aleppo. Aleppo somente caiu nas mãos da oposição inicialmente depois de um ataque vindo da área rural. The Guardian informou em agosto de 2012:

“Os combatentes da oposição – em torno de 3 mil – são quase as únicas pessoas que se movem pela metade Oriental que o Exército Livre da Síria agora controla. O pequeno número de não-combatentes que permanece parece não lhes dar muita atenção. Poucos deles parecem abertamente acolhedores.

“’Sim, é verdade’, disse Sheikh Tawfik Abu Sleiman, um comandante rebelde sentado no piso térreo de seu quarto novo quartel – os outros três anteriores foram bombardeados. ‘Cerca de 70% da cidade de Aleppo está com o regime. Sempre foi assim. A área rural está conosco e a cidade está com eles. Estamos dizendo que só estaremos aqui o tempo que for necessário para fazermos o trabalho, livrarmo-nos dos Assads. Depois disto, vamos sair e eles podem construir a cidade que quiserem’”.

De fato, quando a revolução inicial começou a se desintegrar em um conflito sectário dominado pelos grupos islâmicos, a vasta maioria da população, muitos dos quais eram simpáticos ao movimento inicial, retrocederam para apoiar o regime.

Ao ver a revolução desestabilizar o regime de Assad em 2011, o imperialismo Ocidental e seus aliados – a Arábia Saudita, a Turquia, a Jordânia e os Estados do Golfo – começaram a canalizar bilhões de dólares aos grupos islâmicos na Síria. Um relatório revelador da Defence Inteligence Agency – a agência de inteligência do Pentágono – de 2012 declarava: “Internamente, os acontecimentos estão claramente tomando uma direção sectária (…) Os Salafistas, a Irmandade Muçulmana e a AQI (Al Qaeda do Iraque e precursora de JFS e ISIS) são as maiores forças que dirigem a insurgência na Síria. O Ocidente, os países do Golfo e a Turquia apoiam a oposição; enquanto a Rússia, a China e o Irã apoiam o regime. (…). Há a possibilidade de se estabelecer um declarado ou não-declarado principado Salafista na Síria Oriental (Hasaka e Deir Ezzor), e é exatamente isto o que o poder de apoio à oposição deseja, a fim de isolar o regime sírio…”.

Instabilidade 

Esta é a verdadeira razão por trás do clamor público criado pelo Ocidente. Todos os seus complôs pelo país desmoronaram. O ministro do Exterior russo, Sergey Lavrov, um diplomata experiente que mede suas palavras, disse aos jornalistas que estava “cansado de ouvir esses lamentos de nossos colegas americanos”.

A queda de Aleppo é uma completa humilhação para o imperialismo Ocidental. Enquanto a anexação da Crimeia – em si uma grande humilhação para o imperialismo dos EUA – estava no “bairro” da Rússia, em Aleppo se vê a humilhação pública e o esmagamento dos representantes dos EUA, em um meio que os EUA tradicionalmente veem como seu domínio. Como era evidente nas guerras do Iraque e do Afeganistão, o imperialismo EUA sempre pensou que podia fazer o que quisesse no Oriente Médio. Mas, em Aleppo, as limitações do imperialismo EUA ficaram abertamente expostas. Não é nenhuma coincidência que as negociações mais sérias em torno de Aleppo foram entre a Rússia e a Turquia, sem a participação dos EUA.

Quando o Pentágono interrompeu o cessar-fogo em outubro, o fez a partir de uma posição de arrogância e desafio à Rússia. Mas, então, a Rússia, o Irã e a Síria passaram a esmagar os representantes dos EUA – bem na frente das forças armadas estadunidenses (e turcas), que estavam literalmente estacionadas a algumas dezenas de milhas de distância… e os EUA ficaram impotentes de fazer qualquer coisa sobre isto. O Ocidente e seus aliados, que estão acostumados a levar os tiros, foram reduzidos a meros espectadores em Aleppo.

Não somente investiram muito em Aleppo, como também a queda da cidade significa que os rebeldes agora foram expulsos das principais áreas urbanas da Síria. Embora a guerra civil possa se prolongar por muitos anos, está claro que a ameaça ao regime de Assad foi destruída. O próximo colapso do moral entre os rebeldes vai ser adicionado a esta consolidação de poder. Todos os planos das potências intervencionistas estão em ruínas. Isso terá sérias consequências.

A exposição pública da impotência dos EUA significa que estes vão ficar, internacionalmente, sob a pressão de certo número de potências menores, o que colocará à prova os limites do imperialismo estadunidense e o domínio da “ordem mundial” pelos EUA. Esses “aliados” e inimigos começarão a assumir um papel que será mais independente dos EUA e de seus interesses. Isso, por sua vez, levará a uma instabilidade ainda maior, internacionalmente.

Na Turquia, a queda de Aleppo é um enorme golpe para os planos neo-Otomanos de Erdogan de dominar o Oriente Médio, prejudicando seriamente seu prestígio e chegando exatamente em um momento em que a economia turca poderia se encaminhar para uma crise grave, a qual, por sua vez, poderia ver um desenvolvimento explosivo da luta de classes. Na Síria, Erdogan está somente sendo acudido ligeiramente pelo fato de que a Rússia permitiu à Turquia uma certa presença na área rural do Norte de Aleppo – embora mesmo este pequeno bolsão possa se encontrar sob pressão no próximo período. De fato, tudo o que resta da política de Erdogan na Síria é o objetivo utópico de derrotar o enclave Curdo de Rojava. Mas isso, por si mesmo, poderia em certo ponto produzir efeitos negativos e levar à dissolução da Turquia.

O maior golpe, entretanto, foi dirigido à Arábia Saudita, que está vendo sua posição internacional declinar rapidamente. O reino reacionário já não tem mais nenhuma moeda de troca significativa na Síria, com a maioria de seus representantes confinados ao seu emirado islâmico na governadoria de Idlib, onde não representam ameaça para ninguém. O fracasso das intervenções sauditas na Síria e no Iraque, e a próxima derrota no Iêmen, terão grandes impactos dentro do reino, que se encontra enredado em uma rede de crises social, econômica e política.

O que se deve fazer? 

Muitas pessoas estão justificadamente desgostosas com a tragédia em Aleppo. “Que podemos fazer?”, perguntam-se os que têm uma preocupação genuína. Alguns propõem que uma zona de exclusão aérea deve ser imposta, como se uma guerra sem bombardeios fosse de alguma forma mais humana. Mas, em termos práticos, a exigência de uma zona de exclusão aérea é apenas uma outra forma de pedir uma campanha aérea do Ocidente em apoio aos rebeldes e contra o regime de Assad. Longe de ser mais humano, significaria dar cobertura aérea a algumas das forças mais reacionárias do planeta. Tal intervenção também reforçaria o apoio ao regime de Assad entre a população síria.

A intervenção Ocidental não levaria a nada de progressista no Oriente Médio. De fato, está na raiz de toda a barbárie que testemunhamos hoje na região. Como a história da intervenção Ocidental já demonstrou anteriormente, estes governos não tomam medidas por causa de preocupações “humanitárias”, mas por seus próprios e estreitos interesses imperialistas. Eles amaldiçoam os crimes de Putin e Assad, vertendo lágrimas de crocodilos sobre a tragédia em Aleppo; e, ao mesmo tempo, varrem seus próprios crimes de guerra no Iêmen e em outros lugares para debaixo do tapete.

As intervenções no Iraque, Afeganistão, Líbia e Iêmen não levaram à “democracia” e à “liberdade”, mas destruíram completamente os alicerces da vida civilizada nestes países. Esta deve ser uma indicação clara do que podemos esperar de qualquer intervenção Ocidental na Síria.

Se quisermos fazer algo; se quisermos realizar qualquer tipo de mudança, a primeira coisa a fazer seria começar uma luta séria contra nossas próprias classes dominantes capitalistas e imperialistas – que cometeram os maiores crimes da história do Oriente Médio.

Lênin certa vez comentou que “o capitalismo é horror sem fim”. Por trás deste aforismo há uma profunda verdade. Guerra e a instabilidade são partes inerentes do capitalismo – um sistema que se baseia em interesses egoístas anárquicos, na concorrência e na motivação do lucro, e sobre o qual ninguém exerce qualquer controle real.

Em um período de crise – quando a luta de classes é agudizada, a economia é desestabilizada e a concorrência entre os vários estados-nação aumenta – os conflitos internos e a instabilidade geral se intensificam. O fato é que todas estas potências com interesses no Oriente Médio querem estabilidade na região – mas somente em seus próprios termos, que estão sempre em antagonismo e em detrimento das outras potências. Para defender suas próprias posições e interesses estreitos, eles estão dispostos a afogar toda a região em um mar de sangue.

Ler na Íntegra: http://www.marxismo.org.br/content/queda-de-aleppo-e-o-nevoeiro-da-guerra

*Que tal Uma Voltinha no Inferno?

O TRECO CERTO

Quem vive no Brasil – ou mesmo os brasileiros que estão fora do país, mas acompanham a nossa situação – sabe do que estou falando… Há uma crise sem precedentes, uma completa falta de ética e de honestidade de nossos governantes, há uma falência geral do Estado, um desemprego galopante, miséria agravada… Além de baderna generalizada, vandalismo, devastação sem igual e uma ignorância monumental que atinge tanto a “zelite” quanto os mais pobres.

É a mais perfeita descrição do inferno. E me fez lembrar do “Inferno” descrito por Dante Alighieri… Quer comparar? Pois bem, faremos uma viagenzinha pelo lugar que ele descreveu e confira se não tem muito a ver com o Brasil atual!

A Divina Comédia é com certeza um dos maiores poemas já escritos, não só por conter em sua estrutura 100 cantos e 14.233 versos, mas por ter sido fonte de inspiração para grandes nomes da arte, resultando…

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